Despedido…Lo que pensamos cuando nos despiden y lo que realmente sucede cuando sales al exterior. En 40 años de carrera profesional que se plantean en estos tiempos, es altamente probable que todos seamos despedidos en algún momento. Aquí te expongo una reflexión de cómo hacer de esto una oportunidad.

¿Por qué a mí?

De entrada plantear un despido desde esa pregunta puede presentar una ventaja y una trampa. Como casi todo en esta vida, todo dependerá de la actitud con que queramos afrontarla.

La trampa es caer en el victimismo. Pensar que lo que ha sucedido es culpa del destino que se ceba con nosotros. O culpa de nuestro jefe que nos tiene una horrible manía. O culpa de una terrible crisis que azota el país. O de una injusticia que escapa a nuestra voluntad. Ese ¿por qué a mí? Se completaría con un ¿por qué me sucede a mí semejante desgracia? La persona se retrotrae y comienza una introversión que aleja al individuo de la realidad. Comienza la desconexión.

Haz del despido tu cambio de actitud.

Porque en realidad el victimismo no deja de ser una solución cómoda al problema que se acaba de desencadenar. Para empezar porque no es un auténtico sentimiento si no una actitud, a la hora de afrontar un hecho negativo para la persona. Es cierto que el ser humano tiende a pensar que todo lo bueno que le sucede es por mérito suyo y que lo malo es por culpa de los demás. Es una reacción de autoprotección para no afrontar errores personales que serían más costosos de afrontar.

Pero también sería más útil pensar de esta manera. Sacar conclusiones no ya solo sobre qué nos ha llevado a quedarnos sin trabajo (porque en ciertos casos esos motivos pueden haber sido puramente económicos, triviales o incluso ilógicos) si no sobre todo qué podría mejorar el “despedido” en su siguiente aventura.

Y es que aunque pueda resultar frívolo que desde aquí se plantee el ser despedido como una oportunidad, la idea del que escribe es que realmente lo es. En el fondo, no deja de ser un cambio que se presenta ante nosotros y como tal hay que intentar aprovecharlo.

¿Y si fuera una oportunidad que te hayan despedido?

Por eso podemos plantear la pregunta de la siguiente forma: ¿por qué a mí se me presenta esta oportunidad? No hay que entender tampoco esta formulación ahora como una señal divina. No es que el despido nos haga mejores o más especiales que el resto, pero sí debe verse como una ayuda para comenzar de nuevo en un mundo laboral que cada día vuelve a comenzar y que crea nuevos puestos, que hace surgir innovadoras empresas y jugosas oportunidades cada minuto. Para comenzar de nuevo y comenzar desde el principio conociendo bien nuestras fortalezas y debilidades. Así será más fácil llegar más lejos.

Afrontar el ser despedido, este ¿por qué a mí? Como una pregunta que nos haga analizar bien nuestras capacidades y aptitudes nos da una ventaja frente al resto de competidores. Conocerse bien a uno mismo es la clave para saber cómo desenvolverse en diferentes situaciones y hoy en día desde luego que el estatismo no es una opción. Tampoco se puede entender nuestra sociedad actual sin el marketing. El “despedido” deberá entender que tan importante es lo que es como lo que muestra. No se debe reemprender una búsqueda de empleo sin saber que va a “vender” uno de sí mismo. Va a ser un producto en este mercado laboral y por ello no debe ser ajeno a las leyes de la oferta y de la demanda, de la presentación del producto, del coste-oportunidad y demás leyes de esta nueva “ciencia” de la imagen y el producto.

También puede elegir no ser un producto. Si no crearlo. Emprender. Es precisamente la respuesta opuesta a ese victimismo del que he prevenido. El individuo busca en el exterior oportunidades, “fallos” del sistema que le ha echado, nichos en ese mercado que momentáneamente le ha expulsado par crear una oportunidad. No es solo que conecte con la realidad, es que crea una nueva. Por eso deja de asustarle la pregunta: ¿Por qué me han despedido?, ¿Por qué a mí?

¿Y por qué no?

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